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Revista de análisis político
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¿SE PUEDE SALTAR EL LABERINTO DE LA COPARTICIPACIÓN?

¿SE PUEDE SALTAR EL LABERINTO DE LA COPARTICIPACIÓN?
14/12/2020 Yael Vela
Yael Vela
En OPINIÓN

Desde los albores de la Revolución de 1810 hasta nuestros días, se ha debatido arduamente acerca de los mecanismos de financiamiento del Estado. En nuestro sistema federal, el Estado siempre contó con dos niveles impositivos: el nacional y el provincial. Primero con la Confederación, y más tarde con el nuevo Estado argentino ya consolidado en 1880, las contribuciones de los estados provinciales y los gravámenes que el gobierno federal podía imponer buscaban engrosar las arcas del tesoro para hacer frente a los gastos e inversión del sector público.

La Constitución Nacional de 1853 planteó sistemas de separación y concurrencia de fuentes impositivas, en tanto preveía que “las contribuciones o derechos del comercio exterior eran exclusivos del Gobierno Federal”, mientras que las contribuciones internas, directas o indirectas correspondían a las Provincias (separación de fuentes). Excepcionalmente, cuando “la defensa, seguridad común y bien general del Estado lo exijan” se admitía que el Gobierno Federal estableciera también contribuciones directas y también indirectas (concurrencia de fuentes).

La gran crisis de 1890, muy similar a la de la convertibilidad de los 90 del último siglo y luego el crack de 1930, plantearon la necesidad de implementar un sistema de coparticipación de impuestos.​ Desde entonces se ha pasado por distintos regímenes de coparticipación. Actualmente la distribución primaria (entre nación y provincias) es de  39,6% para el gobierno nacional, 59,4% para las provincias y 1% para los Aportes del Tesoro Nacional (fondos destinados a atender situaciones de desequilibrios financieros en las provincias). Los fondos de la coparticipación que van para CABA (1,4%) y Tierra del Fuego (1,3%) salen de la parte que obtiene el gobierno nacional.

El régimen vigente de distribución secundaria (lo que le corresponde a cada provincia) fue el establecido durante el gobierno de Alfonsín en 1988 con criterios decididamente discrecionales de porcentajes fijos por la ley 23.548. Estaba pensada como una ley transitoria hasta la sanción de una superadora con criterios distributivos y equitativos, sin embargo es la ley nunca llegó. La Constitución Nacional de 1994 exigió que el Congreso dicte en un período no mayor a un año esa nueva ley de Coparticipación Federal de Impuestos, sin que se hayan logrado los consensos necesarios para formular un acuerdo hasta ese entonces. Vale aclarar que esa ley convenio necesita el acuerdo de todas las provincias, lo cual es casi imposible porque siempre para darle a alguna provincia hay que sacarle a otra… Desde entonces nos hemos venido manejando con pacto fiscales que desgraciadamente están supeditados a la especulación política de la relación entre provincias y el gobierno nacional de turno.

La falta del dictado de la ley convenio establecida por la Constitución ha generado un laberinto de normas que indican contribuciones coparticipables, otras no, y otras que tienen asignaciones específicas (como ANSES).

Así, a modo ejemplificativo, del impuesto a las ganancias recaudado, el 64% forma parte de la coparticipación bruta, en tanto que el 20% se destina a la seguridad social, el 10% con un tope de hasta $ 650 millones al fondo de reparación del conurbano bonaerense –el excedente de ese tope volvía a las provincias excepto Buenos Aires conforme índices de participación secundaria–, y el 4% se distribuye entre las provincias. Finalmente, el 2% directo alimenta el fondo destinado a ATN (Aportes del Tesoro Nacional). ¿Cuándo? Alguna vez. Es que cada gobierno define las necesidades, razón por la cual los porcentajes varían de gobierno a gobierno.

El objetivo de estas líneas no es hacer disquisiciones para describir el laberinto. Sino, plantear el problema.

Resulta que la policía bonaerense se levantó contra el gobierno provincial y nacional hace unos meses. Ante la crisis, el gobierno nacional decidió redireccionar la parte de su cuota de coparticipación nacional hacia un fondo provincial para afrontar el plan de seguridad integral que incluía la cuestión salarial.

El porcentaje que recibía CABA fue triplicado por el gobierno de Macri en claro beneficio del gobierno de Larreta. Nunca finalizaron el traspaso de la Policía Federal a CABA, que era la destinataria de los exorbitantes montos coparticipables.

No pretendo plantear qué gobierno tiene razón en el conflicto, más allá de que a prima facie puedo decir que Macri benefició en demasía a la CABA en pleno gobierno de ajuste.

Pero el problema es que la coparticipación es un régimen que requiere un debate. Tal vez el régimen originario de separación de fuentes sea el apropiado. Tal vez no. Pero claramente la falta de recursos genuinos de las provincias, las hace depender del gobierno federal. Basta con ver, a modo de ejemplo, cómo han sido usados los ATN.

Y es que no se puede pensar en provincias dependientes de un gobierno central. Esa discusión pretendió ser resuelta entre unitarios y federales. Pero lo cierto es que mientras no se resuelva a quién pertenece la renta nacional, la recaudación será un tema pendiente.

CABA y provincia de Buenos Aires son los distritos que mayor recaudación aportan en el actual régimen de coparticipación. Dicho régimen pretende fundarse en la solidaridad que hace que ambos distritos reciban menores montos que los que aportan a la masa coparticipable. Por supuesto que eso genera conflicto. Pero también es cierto que a las provincias que menos aportan, los montos superiores (proporcionalmente hablando) provenientes de coparticipación, le traen alivio a sus cuentas en rojo.

Ahora bien, ¿Cuáles son los recursos genuinos con los que cuentan las distintas provincias? IVA, Ganancias, Bienes Personales son de las principales fuentes de la masa coparticipable, y principalmente aportadas por CABA y Buenos Aires. Tiene lógica si el centro de las operaciones comerciales se encuentran en esos distritos.

¿Y si hiciéramos del IVA un impuesto progresivo? ¿Cuáles son las razones para que un trabajador no registrado por su patrón, con una familia que sostener y un salario de hambre, pague el mismo impuesto al consumo que Joe Lewis, Mirtha Legrand o Macri?

Tal vez de esa manera, cada distrito que aporta a la masa coparticipable, aportaría en base a ese impuesto, en función del contribuyente y su poder adquisitivo.

¿Por qué razón los trabajadores pagan impuesto a las ganancias? ¿Qué pasó con las falsas promesas de Macri al respecto? ¿Por qué el peronismo lo sostiene?

Es que el IVA o Ganancias, forman parte de impuestos que sostienen el status quo y garantizan ingresos a las arcas del Estado. Para hacer una tortilla, es menester romper varios huevos. ¿Y si el “aporte solidario” de las grandes fortunas se transformara en una contribución permanente? Eso sí sería romper huevos. ¿Y si el gobierno federal controlara, pusiera las reglas de juego sobre el comercio exterior? ¿Acaso es suficiente con las retenciones?

Mientras con la recaudación actual se paga los salarios de la policía de Buenos Aires, o se construyen hospitales o se enfrenta al coronavirus, los bancos, las mineras, y el gran complejo agroexportador siguen obteniendo una altísima rentabilidad que no se distribuye posteriormente de forma equitativa para el crecimiento integral de la Nación.  Ningún régimen de coparticipación, por más solidario que se pretenda, puede fundarse en la recaudación de los millones de argentinos que la ven pasar mientras los que concentran la renta son cada vez menos.

En algunos lugares de Buenos Aires se vive como en el siglo XXII, mientras en Chaco o Jujuy se vive como en pleno siglo XVIII. La concentración de la riqueza en grandes monopolios y oligopolios, determinan que el libreto lo sigan escribiendo los poderosos, como a la Constitución del 94.

Saltar el laberinto de la coparticipación, requiere comenzar a discutir el régimen impositivo regresivo de nuestro país, el monopolio latifundista y cerealero que domina el comercio exterior y le pone condiciones vía divisa a los gobiernos, y determinar de quién es el dinero de los bancos. Trataremos en próximas entregas ir disgregando tales desafíos que, por la correlación de fuerzas políticas y su rol histórico, sólo el peronismo puede asumir.


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