fbpx
Revista de análisis político
Please select a page for the Contact Slideout in Theme Options > Header Options

DESPUÉS DE LA TORMENTA: Brevísimo análisis político sobre Diego Armando Maradona

DESPUÉS DE LA TORMENTA: Brevísimo análisis político sobre Diego Armando Maradona
05/12/2020 Lisandro Vergara Amodeo

Me pareció prudente para con mis pensamientos, y sobre todo para con mis sentimientos, tener el decoro de dejar pasar unos días… Fue necesario que la tormenta amaine y el dolor decante un poco para luego poder sentarse a escribir.

¿Qué clase de aparato tienen en donde va el corazón aquellos que en plena despedida ya estaban realizando sesudos análisis sociológicos acerca de la muerte y figura de Diego?

Aquel, hace tan solo algunos días, era el tiempo de llorar. Ahora, en cambio, que ha llegado la dictadura de los paparazis, los abogados, los periodistas de chimentos y toda esa porquería; es momento de esquivarle a tanta miseria oportunista e intentar recordar a Maradona como se lo merece. En este caso será a través de un modesto análisis político de lo que, a mi entender, significó su figura y partida para el pueblo argentino.

No me tiembla el pulso al afirmar que la muerte de Maradona ha sido la más dolorosa pérdida que le ha tocado afrontar a nuestro pueblo. Incluso más que la de Perón, incluso más que la de Evita. Es que ambas figuras, las más poderosas e influyentes del siglo XX argentino, fueron tremendamente amadas por una facción (sin dudas mayoritaria), y odiadas por otra (minoritaria pero no por eso poco representativa). Sin embargo, como puede notarse, estamos hablando de facciones. En cambio, con Diego no sucede lo mismo; con Maradona hay una enormísima mayoría (casi la totalidad) que lo despide con amor y afecto; y una ínfima minoría que, por “izquierda” o por “derecha” si se me permite la vaguedad conceptual, lo ataca o sencillamente no lo quiere. Ese amor incondicional de esa mayoría abrumadora que trasciende fronteras ideológicas y geográficas, le otorgan a Maradona aires de universalidad; una universalidad que lo transforma en un tótem simbólico del que todo el mundo se puede apropiar. Peronistas y radicales, católicos y ateos, millonarios y bosteros lo extrañamos por igual. Todo aquel que quiera puede ser maradoniano, sin límites ni barreras. Sucede que Maradona, sin desconocer sus siempre claras posiciones e ideas, no es de nadie y es de todos a la vez.

En el plano internacional queda aún más en claro que se fue el argentino más querido de la historia. El revuelo y la ola de homenajes desbordaron la Argentina y Nápoles; y el llanto desconsolado inundó el mundo entero. Nada igual había ocurrido anteriormente.

Por su procedencia de clase y su rebeldía ante los poderosos Diego se transformó en el abanderado de los humildes del mundo y un símbolo de resistencia para los pueblos que no se conforman con ir 3 a 0 abajo en el marcador. Fue por sus contradicciones y errores, más que por sus glorias y éxitos, que terminó por constituirse en ese héroe plebeyo que nos inspira a levantarnos cuando nos acaban de cortar las piernas. Todo héroe, búsquese en la historia, tiene, además de sus dotes sobrenaturales que lo distinguen del resto, bajezas y debilidades que lo acercan a la realidad de sus devotos. Si Jesús tropezó… ¿por qué él no habría de hacerlo?

Maradona con todas esas virtudes y defectos expresa quintaesenciadamente el ser nacional. “Lo nacional” y “lo popular”, en el sentido amplio de los términos, se condensan en su problemática figura.

Jauretche dijo alguna vez que “lo nacional” es “lo universal visto desde acá, con criterio propio”. Bueno… Diego demostró que lo nacional y popular también puede ser universal. Ese, creo yo, es su mayor legado.

Por universal me refiero a que muchos crecimos pensando que el verbo “marear” provenía de la palabra “Maradona”; o a que cuando algún chiquilín era especialmente virtuoso con la pelota, o hacía alguna jugada maravillosa en la calle o el potrero, el resto de los chicos le decíamos “Bueeena Maradona”. No existe mayor reconocimiento en el mundo que ese. Tanto para el niño, como para el Diego…