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Revista de análisis político
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DEFENDER LA CUARENTENA ES ¿DEFENDER LA ECONOMÍA?

DEFENDER LA CUARENTENA ES ¿DEFENDER LA ECONOMÍA?
10/08/2020 Yael Vela
Yael Vela
En OPINIÓN

A esta altura de los acontecimientos está más que claro que la mayoría de los países del mundo han decidido priorizar la Salud por sobre la Economía. Argentina no es la excepción y ha quedado demostrado en los hechos expresados en los fríos números de contagios y fallecidos. Luego de los claros fracasos de aquellos gobiernos que pretendieron minimizar la pandemia (Brasil, Inglaterra o EEUU), al gobierno de Alberto Fernández se lo pretende poner contra las cuerdas por “no priorizar la economía”.

La creciente presión que ejercen los medios de comunicación y los grupos opositores representantes de los grandes conglomerados económicos, no es una novedad en estos lares. Estamos frente a una constante en muchos países del planeta: Rusia, El Salvador, Venezuela; pero también EEUU, Brasil o Inglaterra. Claramente, el sentido varía según el país al que nos refiramos.

¿Una crisis sin precedentes?

“La pandemia de Covid-19 empujó a las economías a un Gran Bloqueo, que ayudó a contener el virus y salvar vidas, pero también provocó la peor recesión desde la Gran Depresión”, dijo Gita Gopinath, Directora del Departamento de Estudios del FMI. Al mismo tiempo, agregó que habría una caída en los niveles standard de vida para el 95% de los países este año.

Por su parte, el Banco Mundial espera que el PIB mundial se reduzca un 5,2% este año, más del doble que el registrado en la crisis financiera de 2008.

Según los cálculos oficiales, la economía de EEUU caerá este 2020 un 8%, el negativo de Alemania será del 7,8%, del 12,8% en España e Italia, del 12,5% en Francia y del 10,2% en el Reino Unido. Los números para nuestro país, según los mismos organismos, será de un 7,3%.
EEUU está en recesión. La pandemia no distingue de modelos de Estado. Pero, ¿hay modelos de Estado que pueden enfrentar el virus con algún grado de eficacia?

En la comparación con la denominada “Gran Recesión”, debemos decir que el origen no estuvo en un fenómeno sanitario, sino en “decisiones” de Wall Street. En su momento, EEUU lanzó un rescate por más de US$700.000 millones en favor de los bancos que habían hecho su gran negocio con las hipotecas y que sumieron en la pobreza y en una profunda crisis a los norteamericanos primero y al mundo todo después.

Con esa crisis, los resultados fueron similares a las de las grandes crisis mundiales: se amplió la brecha entre ricos y pobres haciendo el mundo más injusto aún. La tasa de suicidios aumentó como consecuencia de la crisis (algo similar sucedió en Argentina en el 2001). A los defensores de la economía, o la libertad de mercado, poco les importaban las vidas de los millones que sufrían las consecuencias de sus prácticas de rapiña.

Hoy, el coronavirus puso en jaque el modelo mundial dirigido desde las principales bolsas del mundo, y los que primero se vieron perjudicados por el frenazo mundial, fueron los más necesitados. Los más pobres. Los olvidados por los “papelitos” financieros.
En América Latina, según estimaciones de la ONU, el PBI caerá un 9%, la mayor baja en un siglo. Así las cosas, unos 45 millones de personas caerán en la pobreza, y la región seguirá siendo la más desigual del mundo, según las propias declaraciones del Secretario General de la ONU, Antonio Guterres.

“En un contexto en el que ya existen enormes desigualdades, niveles elevados de trabajo informal y servicios de salud fragmentados, las poblaciones y las personas más vulnerables son una vez más las más afectadas”, dijo Guterres.
Y culminó: “a raíz de la pandemia, la brecha entre ricos y pobres se agrietará aún más, sobre todo en los países más grandes, Brasil y México. Los niveles de desigualdad son insostenibles. Para reconstruir mejor es necesario transformar el modelo de desarrollo de América Latina y el Caribe”.

Según el Secretario de la ONU, es necesario entonces crear sistemas tributarios más justos, promover la creación de empleos decentes, fortalecer la sostenibilidad ambiental y reforzar los mecanismos de protección social.

La saturación del sistema de salud norteamericanos, las dolorosas experiencias de los españoles e italianos, o los muertos en las calles en Ecuador o Brasil, nos ahorran palabras.

Los defensores de la libertad de mercado y la economía, no han cambiado de opinión. Es claro.

 

¿Qué pasa en nuestro país?

“Si el dilema es la economía o la vida, yo elijo la vida” ha sostenido Alberto Fernández. Y si bien es cierto que es difícil estar en contra de tal solución, no es menos cierto que frente a una pandemia sin precedentes, sostener esa postura hoy no resulta tan sencillo ante la crisis, la pobreza, la inflación, tal vez el cansancio del encierro, y la constante presión de los medios de comunicación y la oposición.

Según un informe realizado en CABA, el 8,2% de los ocupados perdió su empleo o no puede realizar su actividad por cuenta propia, el 39,3% está suspendido o debió dejar de trabajar, el 4,2% tiene licencia por ser parte del grupo de riesgo, el 22% está trabajando menos horas y sólo el 26,4% sigue trabajando como siempre o más horas. Todo ello según los últimos datos estadísticos.

Esta situación generó un fuerte descenso de los ingresos laborales, de modo que el 19,8% de los ocupados no cobró ni tuvo ingresos en el período de la cuarentena, el 44,2% vio reducidos sus ingresos y solo el 36% pudo disponer de los mismos o más ingresos.

Similares números se repiten en la zona de provincia con la que conforma el AMBA, hoy en cuarentena fase 1. El número de contagios no cesa, y el gobierno nacional, en acuerdo con la gobernación de Buenos Aires y Jefatura de CABA, debió restringir la circulación para frenar nuevamente la curva de contagios.

Si bien el resto del país goza de “mejores condiciones”, la realidad indica que la crisis es similar, por lo que no hay razones para pretender decir que estamos bien.

Pero ¿de dónde venimos? La Argentina que asumió gobernar el presidente Alberto Fernández estaba sobreendeudada, tenía un aparato productivo desmantelado, pobreza superior al 30% y una economía en clara recesión. Ello determinó el dictado de la Ley de Emergencia con la que se intentaba recuperarse. Pero la falta de acuerdo sobre el pago de la deuda (en sus diferentes niveles), ponía todo en duda.

Con el advenimiento de la pandemia, a la situación económica se le sumaba la cuestión sanitaria. La Salud Pública no estuvo entre las prioridades del gobierno de Macri quien degradó el Ministerio a Secretaría. El presupuesto total del Ministerio de Salud en 2018 fue de 46.123 millones de pesos. Para 2019, ya como Secretaría, recibió 37.794 millones de pesos. A eso se le debe agregar el porcentaje interanual de inflación -según indican los datos del INDEC- que fue 47,8% en el mismo período.

Hubieron programas de salud que no llegaron a ejecutar ni el 10% del presupuesto (Lucha contra el SIDA y enfermedades de transmisión sexual), o el CUS-Medicamentos (que reemplazó REMEDIAR) que solo se ejecutó el 17,8%. La mayoría de los principales hospitales sufrieron restricciones presupuestarias y despidos masivos. Una de las tantas consecuencias de ese desmantelamiento, lo encontramos en los más de 3 mil casos confirmados y probables para dengue en el país (producto de la supresión de la Dirección Nacional de Control de Vectores).
Entre 2015 y 2019, el instituto Malbrán, sufrió el recorte presupuestario del 50%, el 10% de su personal y 65% en salarios.

A fines de 2019, más de 12 millones de dosis de vacunas fueron halladas retenidas en la Aduana por falta de pago de impuestos, entre ellas contra el sarampión (enfermedad que se encontraba extinguida, reapareció en el país).

Mientras tanto, durante los 4 años de gobierno de Macri, la deuda externa creció 100.000 millones de dólares que fueron transferidos al sistema sistema financiero.

Lógicamente, es entendible lo difícil que se torna atender esta pandemia, y por tanto lo difícil de la cuarentena. A un país que ya estaba en crisis, había que sumarle la cuarentena. La economía se frenó, y millones de argentinos lo sufrieron.

Un Banco Central con escasas reservas, una deuda en dólares insostenible, el sistema sanitario desmantelado y una economía en recesión, no dan mucho margen de maniobra. El Estado debe acudir a medidas proteccionistas y de activo protagonismo.

A las medidas de emergencia, se fumaron las acciones para paliar los efectos de la cuarentena. Los pagos del IFE, los créditos a las Pymes, los ATP por los cuales el Estado se hace cargo del 50% de los salarios, o el proyecto de moratoria que en carpeta tiene el gobierno nacional para las empresas por una suma aproximada de 750 mil millones de pesos, van en la línea de protección de la vida. La suspensión de desalojos, el cese y/o congelamiento de alquileres hasta setiembre de 2020, la prohibición de suspensión de servicios públicos por falta de pago, acompañan las medidas del gobierno. El IFE tiene unos 10 millones de beneficiarios. Más de 240 mil empresas han sido beneficiarias de los ATP, y por tanto sus trabajadores.

Los voceros de los defensores de la economía, pretenden maliciosamente comparar esta crisis con la de 2001. No resiste el análisis, pues el Estado de De La Rúa sólo ajustó. Imposible es pensar en un Estado presente en aquellos fatídicos días. El “que se vayan todos” sintetiza el razonamiento.

 

¿Qué debemos esperar?

Ser un defensor de la cuarentena, sin comprender la crisis que ha ocasionado, nos aleja de la realidad. Pero comprender el Estado heredado y las acciones que se han ejecutado en consecuencia, nos dan claridad para pensar. Un gobierno que decide proteger la vida, lo hace tomando medidas que claramente tendrán consecuencias sobre la economía. La creciente emisión monetaria generará una inflación que Alberto Fernández deberá enfrentar.

Distinta hubiera sido la situación si fuéramos un país industrial, pero no es el caso. No es casual que la recaudación impositiva haya crecido a partir del impuesto PAIS. Y es que los resabios del sistema financiero subsisten. Controlar la moneda norteamericana a partir de medidas soberanas para evitar la especulación, expropiar Vicentin, controlar el comercio exterior, tocar el bolsillo que los que tienen concentrada la renta nacional, serán las medidas que el Estado de Alberto deberá emprender en la post pandemia, y tal vez antes.


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