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Revista de análisis político
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BREVE LECTURA POLÍTICA ACERCA DEL “IMPUESTO” A LAS GRANDES FORTUNAS

BREVE LECTURA POLÍTICA ACERCA DEL “IMPUESTO” A LAS GRANDES FORTUNAS
16/11/2020 Lisandro Vergara Amodeo

“Los derechos y las libertades individuales dependen fundamentalmente de una acción estatal vigorosa… La esfera privada que con justicia valoramos tanto es sostenida, o más bien creada, por la acción pública”.

Stephen Holmes y Cass Sustein en “El costo de los derechos: Por qué la libertad depende de los impuestos”.


Sin impuestos no hay libertad, sí sí, tal cual usted está leyendo, por más que le pese a algún libertario de moda. Sucede que la libertad está basada en los derechos que reconocemos como sociedad, pero por sobre todas las cosas, en aquellos derechos que podemos garantizar con recursos económicos que los respalden.

Dicho de otro modo, uno tiene la libertad de estudiar lo que guste para desarrollarse intelectual y laboralmente siempre y cuando tenga acceso al derecho a la educación asistiendo a algún establecimiento formativo. La escuela pública argentina, por ejemplo, que garantiza el acceso universal al derecho a la educación en nuestro país; es sostenida por el Estado a través del financiamiento conseguido mediante el pago de impuestos[i]. Pero vayamos aún más lejos para que quede claro; el mismísimo derecho a la propiedad privada solo puede ser protegido por quienes custodian el régimen jurídico (jueces y fiscales) y por quienes aplican la fuerza de la ley (la policía). Ambos necesitan recursos públicos para su normal funcionamiento, y dichos recursos provienen de los impuestos. Vale decir que hasta la más negativa de las libertades negativas[ii] necesita aunque sea de una mínima acción positiva por parte del Estado.

A pesar de su mala prensa, el Estado y los impuestos son dos factores elementales en la vida moderna y civilizada de los pueblos. Sin ellos los seres humanos viviríamos primitivamente en una situación autodestructiva de guerra permanente de todos contra todos[iii]. No por casualidad la historia universal se ha desarrollado en el sentido contrario; el Estado (y los impuestos que lo financian) no es más que otro rasgo del instinto de supervivencia y evolución que caracteriza a la humanidad. En síntesis, sin impuestos no hay derechos, sin impuestos no se puede ejercer la libertad, sin impuestos no es posible la vida en sociedad, o por lo menos en las sociedades modernas en las que nos toca convivir.

¿Esto quiere decir que debemos pagar muchos impuestos sin quejarnos porque a mayores impuestos más derechos y libertades? Claro que no. Todo debe darse en su justa medida y armoniosamente.

Ahora bien, puestos de acuerdo en este primer punto resultará más sencillo avanzar en cuestiones de mayor profundidad. Por ejemplo resultaría válido preguntarse ¿acaso no se cobran demasiados impuestos? ¿Esos recursos recaudados se gastan efectivamente?

Dime cuántos impuestos te cobran (y cómo se gastan) y te diré qué derechos tienes

Está instalado en el sentido común argentino que en nuestro país hay una altísima presión tributaria (es decir que se cobran muchos impuestos). Sin embargo las estadísticas internacionales demuestran lo contrario.

En Argentina la presión tributaria alcanza el 28,4% del PBI mientras que, por ejemplo, en los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en promedio ronda el 34,2% del PBI. Países miembros como Francia o Dinamarca poseen una presión tributaria de 46,1% y 44,9%. En cambio América Latina alcanza un 23,9%, lo cual resulta inferior a la Argentina. Sin embargo, países vecinos como Brasil y Uruguay presentan ratios superiores de 33,1% y 29,2% respectivamente. Otros países hermanos como Chile y México presentan índices considerablemente menores, sin embargo hay un detalle a tener en cuenta: los ingresos de ambos Estados no dependen tanto de los impuestos recaudados sino de las rentas obtenidas por sus grandes empresas estatales productoras y comercializadoras de sus principales productos exportables, hablamos de CODELCO y PEMEX.

Tomado de la nota “Radiografía del sistema tributario argentino” de Pablo Wahren para CELAG.

 

Como puede verse en el siguiente cuadro interactivo de la OCDE del año 2018 (son los datos más actuales que se poseen) el ranking de presión tributaria mundial está encabezado por países con altísimos índices de desarrollo como Francia, Dinamarca, Bélgica, Suecia y Finlandia. En cambio Argentina se encuentra en el puesto 41 sobre un total de 110 países, es decir, casi a mitad de tabla. Los últimos puestos los ocupan países muy pobres con Estados extremadamente débiles que prácticamente no tienen capacidad de garantizar derechos como Chad, Guinea Ecuatorial y Nigeria.

Entonces como primera conclusión podemos derribar la falacia de que la presión tributaria Argentina es una de las más altas del mundo. Sin embargo, sí resulta razonable y legítimo plantear que el gasto de los recursos generados a partir de la recaudación impositiva es poco eficiente. Países desarrollados como Dinamarca, Bélgica, Suecia y Finlandia cobran muchos impuestos, pero además los gastan de forma eficiente en inversión e infraestructura; en Argentina en cambio la mayoría de las veces el gasto está destinado a pagar deudas externas que fueron contraídas con fines especulativos. Esta es quizás una de las grandes deudas de la democracia argentina que aún no logramos saldar.

Ahora bien, los impuestos no solo cumplen una función recaudatoria para el Estado, que como hemos visto a través del gasto público hace efectivo el ejercicio de derechos, sino también una importantísima función redistributiva en términos sociales. En este aspecto Argentina sí tiene gravísimos problemas estructurales.

Imaginemos que un hombre y su hijo deben trasladar un equipaje de 10 kilos por un camino hasta llegar a su pueblo. Si reparten el peso en partes iguales, 5 kilos cada uno, el niño no podrá soportar la carga ya que esos kilos representan mucho para él. Así son los sistemas tributarios regresivos, en términos relativos los más débiles cargan con más peso. Lo lógico y conveniente sería que el padre, más grande y fuerte, cargue con 8 kilos del equipaje y el niño tan solo con 2 kilos. De tal modo ambos llegarían perfectamente a destino. Así son los sistemas tributarios progresivos, cada uno carga de acuerdo a su capacidad[iv].

El sistema tributario de nuestro país es profundamente regresivo (es decir que en términos relativos pagan más quienes menos tienen) ya que predominan los impuestos indirectos sobre el consumo de bienes y servicios (como el IVA) que tienen la misma alícuota para todos los consumidores sin importar su nivel de ingreso; por sobre los impuestos directos a la propiedad o a las rentas. Este rasgo regresivo nos distingue totalmente de los países desarrollados que mencionamos anteriormente.

Tomado de la nota “Radiografía del sistema tributario argentino” de Pablo Wahren para CELAG.

 

¿Por qué tenemos entonces un sistema tributario regresivo? Una de las tantas razones es que los impuestos indirectos son más fáciles de cobrar, esto se debe a la debilidad del Estado argentino para controlar los gravísimos problemas de evasión y elusión fiscal. Como le resulta difícil cobrarle a los de arriba, se ve obligado a asfixiar a los de abajo. Es entonces que se entiende el malestar de millones de argentinos por el pago de impuestos. Hemos visto que el país no tiene una alta presión tributaria, pero los argentinos y argentinas de a pie, trabajadores, emprendedores, empresarios pymes y demás, sí. Para lograr un desarrollo sostenido con justicia social se debería tomar exactamente el camino contrario, regular arriba para dar oxígeno a los de abajo; vale decir, ir hacia un sistema tributario más progresivo.

Ahora sí, hablemos del “impuesto” a las grandes fortunas

En primer lugar hay que aclarar que no se trata de un impuesto ya que no es de carácter permanente sino que se trata de un aporte extraordinario (esto no quita que pueda ser renovado año tras año por el Congreso de la Nación convirtiéndolo sí en un impuesto de hecho).

Solo afecta a aquellas personas que posean una fortuna superior a $200 millones. Le puedo asegurar que usted, querido lector, no será alcanzado por el aporte. Lo pagarán las 9.300 personas más ricas del país, es decir el 0,023% de la población.

Se le aplicará una tasa del 2% sobre los bienes declarados (recordemos que muchos de los activos financieros de los multimillonarios no están declarados sino ocultos en guaridas fiscales). El proyecto de ley establece también que por el total de bienes en el exterior se tributará un recargo del 50%; pero si la persona trae el 30% de las tenencias financieras que tiene declaradas afuera, el diferencial se elimina y paga por todo como si lo tuviera en el país.

Se espera recaudar alrededor de $300.000 millones, lo cual equivale al 1% del PIB. Esto resulta sumamente necesario en tiempos de crisis económica y pandemia mundial, se trata de un aporte sumamente progresivo que además tiene asignación específica:

  • 20% a la compra o elaboración de equipamiento e insumos críticos para la emergencia sanitaria
  • 20% a las pymes
  • 15% a los programas para el desarrollo de los barrios populares
  • 20% al programa integral de becas Progresar y
  • 25% programas de exploración y desarrollo de gas natural

La propuesta del oficialismo ya cuenta con los votos necesarios para ser aprobada primero en la Cámara de Diputados y luego en el Senado. Pero además el proyecto tiene un alto grado de aprobación popular. El pueblo argentino entiende que después de un año tan duro, es necesario que quienes más tienen realicen un esfuerzo. Los legisladores de Juntos por el Cambio ya adelantaron que votarán en contra de la iniciativa, lo cual no es novedad ya que no hacen más que defender los intereses de quienes representan. La “izquierda trotskista” será fiel a su tradición antiperonista y se abstendrá. Tampoco sorprende.

Algunas consideraciones finales

¿Se solucionan todos los problemas estructurales de la economía argentina con este aporte extraordinario a la riqueza? No, en absoluto. ¿Debería ser un impuesto permanente? A nuestro entender sí, la pandemia del coronavirus puede ser una buena oportunidad para comenzar con la transformación hacia un sistema tributario argentino más progresivo ¿Afectará este impuesto las inversiones? Para nada, como  se dijo anteriormente, este tipo de impuestos ya existen en países centrales que son ejemplos de justicia tributaria y de inversión internacional. Pero además, la rentabilidad que generan los sectores afectados por el aporte es muchísimo más alta que lo que deberán tributar por única vez. Tranquilos, podrán rezongar un poco, pero no se irán a ninguna parte. Un solo miedo asusta a quien esta nota escribe: Una posible represalia por parte de los grandes grupos afectados a través de una corrida cambiaria contra el dólar sería devastadora para la economía nacional. El gobierno deberá estar alerta y consciente de los intereses económicos que está afectando y del poder de fuego que poseen.

La Argentina tiene un duro camino por delante en materia económica, ya se han abierto las negociaciones para reestructurar la deuda que contrajo Macri con el FMI. El Fondo pretende imponer políticas de ajuste para asegurarse el pago; los plazos son negociables, el monto y los condicionamientos en la macroeconomía, no. El gobierno deberá evitar esa injerencia si pretende ser fiel a los intereses de las mayorías populares que representa. El “impuesto” a las grandes fortunas es una clara señal de que, para el Frente de Todos, de los platos rotos no siempre deben hacerse cargo los de abajo.

Notas

[i] Se denomina “libertad positiva” a la capacidad de poder decidir de forma autónoma. Muchas veces para ejercer la “libertad positiva” el ciudadano necesita el acceso a ciertos servicios públicos que son provistos por el Estado.

[ii] En contraposición al punto anterior, se entiende por “libertad negativa” a aquella que se ejerce a partir de la no intromisión de ningún agente externo, como el Estado, en la esfera privada e individual del ciudadano.

[iii] Ver teoría hobbseana del surgimiento del Estado Moderno.

[iv] Naturalmente que la distinción entre sistemas tributarios regresivos y progresivos es mucho más compleja. Aquí sencillamente hemos querido dar una noción general mediante una metáfora de fácil comprensión para todo el mundo.


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