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ARGENTINA EN SU LABERINTO: UNA LECTURA POLÍTICA SOBRE LA REESTRUCTURACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA

ARGENTINA EN SU LABERINTO: UNA LECTURA POLÍTICA SOBRE LA REESTRUCTURACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA
28/07/2020 Editorial
Editorial
En ECONOMÍA

Hoy en día, en este frenético año 2020, es imposible realizar un análisis político, social, o económico sin hacer referencia al Coronavirus y la crisis mundial que desató. Puede resultar reiterativo, pero sencillamente es inevitable no contemplarlo en la balanza a la hora de hacer una lectura de los acontecimientos recientes. El problema de la deuda externa no es ajeno a este fenómeno. Para no abusar de la paciencia del lector, nos limitaremos a señalar que la pandemia puso en jaque al capitalismo financiero internacional que ya venía golpeado desde la crisis del 2008. La producción y el comercio, verdaderos generadores del valor económico, se encuentran paralizados. Sin ellos como verdaderos pilares del capitalismo, queda al desnudo y sin respaldo el circuito especulativo de la valorización financiera y se agravan las crisis de deudas soberanas en todo el globo, particularmente en el mundo periférico. Dicho esto intentaremos leer el problema de la deuda externa argentina en clave política.

Deuda macrista y default selectivo

La “pesada deuda” heredada del macrismo es el nudo gordiano que tiene a resolver el gobierno de Alberto Fernández para sentar la base de un ciclo basado en la producción y el consumo como ejes ordenadores de la economía. En ese sentido, una salida virtuosa – no traumática- de la pandemia resultaría el puntapié inicial para que la Argentina repunte económicamente. Si consideramos que la situación ha sido tratada, en términos sanitarios y de ayuda económica por parte del Estado, notablemente mejor que en los países vecinos; el repunte podría hacerse notar más. Chile y Brasil son muestras de que la economía cae por la pandemia y no por la cuarentena exclusivamente. La clave estará en cuáles serán las condiciones una vez que se supere la pandemia, o se aprenda a convivir con ella.

Entender la naturaleza de la “pesada deuda” heredada (hoy representa el 90% del PBI) ayuda a comprender mejor la negociación, el horizonte apuntado por el gobierno, y las consecuencias geopolíticas. Mauricio Macri no solo sobreendeudó a la Argentina en tiempo record, sino que defaulteó su propia deuda y la de los canjes del 2005/10. Para peor, ese dinero no fue utilizado para ampliar la matriz productiva que generara capacidad de repago sino que fue destinado a garantizar la especulación financiera; además cambió la composición interna de esa deuda pública, aumentando considerablemente la deuda en moneda extranjera. No hace falta aclarar que la Argentina no imprime dólares, solo los consigue genuinamente con un saldo favorable en la balanza comercial, vale decir, exportando más que lo que importa. En tiempos de “gran depresión” mundial esto se convierte en una tarea nada fácil.

Algunos números sencillos para ilustrar la situación:

Fuente: Instituto Gestar

Fuente: Instituto Gestar

 

La Argentina, desde que el exministro Lacunza declarara el “reperfilamiento” de la deuda en el sufrido intervalo que se dio entre las PASO 2019 y las elecciones generales, está en default. No técnicamente hablando pero sí en términos políticos y reales. El país tiene una grandísima deuda, con altísimo interés y cortísimo plazo de vencimientos, que sencillamente no puede pagar. Es imposible afrontarla tal cual la dejó el macrismo, tanto en el plano económico (el país no cuenta con los recursos para hacer frente a los pagos) como en el plano político (es imposible someter al pueblo argentino a un nuevo ajuste como el pretendido por los bonistas privados, y menos en plena pandemia).

Sustentabilidad, negociación y posible acuerdo

De la imposibilidad de pagar esa monumental deuda en el corto plazo, es que surge el concepto de “sustentabilidad”. Es un término un poco más académico del ya conocido “los muertos no pagan” con el que Néstor Kirchner condujo la reestructuración del 2005. “Déjennos crecer para poder pagar”.

El tema de la deuda es un problema de naturaleza política, que adquiere un aspecto financiero, pero en el fondo es político. Es por eso que el Alberto Fernández trazó una estrategia de ese carácter para desatar el nudo:

  • Gira por Europa para obtener el apoyo de los principales jefes de Estado de esa región (en un futuro habrá que arreglar la defaulteada deuda con el Club de Paris en donde los acreedores son Estados, una vez más la política como eje ordenador del conflicto).
  • Acercamiento en las relaciones con el FMI (organismo financiero que representa la supremacía política internacional de EEUU, principal acreedor del Fondo), para obtener el espaldarazo que permita negociar con los bonistas privados.
  • La dura renegociación con los bonistas privados, representantes (en distintos grados y con matices) del sistema financiero especulativo.

Sólo así adquiere sentido lo visto hasta el momento, con un detalle no menor: el Coronavirus lo cambió todo. Previo a la crisis mundial el plan primigenio era una Argentina superexportadora con ahorro fiscal que permita conseguir los dólares para pagar una deuda prorrateada en el tiempo que evite al país caer en default. Con el Coronavirus las reglas del juego cambiaron. ¿Y si el mundo emergente “in totum” cae en default? ¿Y si no es solo la Argentina sino la mayoría de los países emergentes quienes no pagan sus deudas?

En este sentido las negociaciones se han ido dilatando y tensionando. La propuesta original (sobre un monto a reestructurar cercano a los 65.000 millones de dólares) era de aproximadamente 40 centavos por dólar adeudado. Con una fuerte quita de intereses, no así de capital, y prórrogas en los vencimientos. Naturalmente esto no fue aceptado por los bonistas que pretendían aproximadamente 65 centavos por dólar. Recordemos que la base de toda negociación es llegar a un acuerdo, los polos en disputa se irán acercando a un punto medio conciliador. Ese punto parece ser de 53/55 centavos por dólar para la deuda emitida bajo el gobierno de macri y de 59 centavos para los bonos de la reestructuración de Nestor Kirchner y Cristina Fernández. Queda por acordar la letra chica.

Mientras los bonistas, con el fondo BlacRock como agente más duro y poderoso, pretenden una identiture (letra chica) de los canjes de 2005; el gobierno quiere identitures de los bonos emitidos a partir de 2014. ¿Cuál es la diferencia? Mientras que los bonos de 2005 tienen CAC´s (Cláusulas de Acción Colectiva) del orden del 85%, los bonos posteriores a 2014 tienen CAC´s de aproximadamente 66%. ¿Qué significa esto? Que para hacer extensiva la reestructuración se debe lograr acuerdos con esos porcentajes de acreedores siendo, naturalmente, más complicado llegar al porcentaje del 2005. Si no se llega a ese porcentaje no sólo es inviable la propuesta de renegociación sino que también se deja abierta la puerta a futuros conflictos con Fondos Buitres que, como ya sabemos los argentinos, tienen la espalda suficiente para esperar mejores condiciones políticas y litigar contra del país. Este es el principal núcleo de desacuerdo hoy en día.

Aquí surge una paradoja: El gobierno quiere las condiciones de los bonos emitidos durante el macrismo, y los bonistas las condiciones de la reestructuración de la deuda hecha por el kirchnerismo. Pero ¿a qué se debe esto? Sencillamente a que el mundo cambió a partir de la crisis financiera del 2008. Mientras Néstor Kirchner tuvo que aceptar esas condiciones, sumado a la resolución en tribunales extranjeros en caso de litigación, para lograr el acuerdo en aquellos años mozos de la especulación financiera; los bonos emitidos en 2014 a nivel mundial ya contemplaban las terribles consecuencias de las burbujas y crisis de deudas soberanas en todo el mundo.

La resolución de la letra chica garantizará el acuerdo y el monto del mismo variará de acuerdo a esa resolución. Quizás se logre identitures más flexibles como las del 2014, a costa de un aumento en el pago total, o viceversa. Habrá que ver hasta dónde están dispuestas a ceder las partes. El ministro Guzmán ya presentó la última propuesta argentina con un año de gracia y reconocimiento de los bonos defaulteados en 2020. De este modo la propuesta del gobierno llegó al umbral de la sostenibilidad y por eso dejó en claro que será la última propuesta. Hasta el momento a logrado obtener el apoyo de grandes grupos de acreedores (Gramercy, Fintech, Greyloc) y dividir a algunos del Comité de Acreedores de la Argentina, pero aún falta el Ad-Hoc liderado por BlackRock y Exchange que manejan aproximadamente el 32% de la deuda. La fecha límite para aceptar será el 4 de agosto.

Próximo capítulo: Deuda con el FMI.

Suponiendo que la Argentina evita el default y logra un acuerdo con los bonistas, vendrá el turno del FMI que, con su nueva conducción, parece ser mucho más factible a aceptar un acuerdo por lo menos en los plazos. Aquí sencillamente juega la geopolítica ¿Interesa a los Estados Unidos, principal acreedor del Fondo, romper relaciones con el país que mejor posicionado ha quedado en el Cono Sur a partir de la crisis del Coronavirus? ¿Puede darse el lujo de perder una zona de influencia considerando el surgimiento de China como, a esta altura, la principal economía mundial y principal socia comercial de Argentina? ¿Puede seguir el organismo internacional despilfarrando prestigio después de haber prácticamente financiado el último tramo de gobierno de Mauricio Macri que terminó duramente derrotado?

Los vencimientos son tormentosos, es imposible para la economía argentina pagarlos. Una prórroga en el tiempo será la solución mejor para ambas partes.

Fuente: Instituto Gestar

 

Política doméstica

Si Alberto Fernández logra evitar el default y salir exitosamente de la pandemia tendrá el camino considerablemente allanado. Un acuerdo “sustentable” le permitirá destinar fondos a recuperar la economía, la producción y el consumo. Con eso le bastará para contrastar con el gobierno de Macri y sacar provecho político.

Hasta el momento se ha venido moviendo con firmeza (aumento de las retenciones al agro y emisión monetaria para paliar la crisis del coronavirus), pero cautelosamente; sin tensionar demasiado (la inconclusa expropiación de Vicentín y el demorado “impuesto” a las grandes fortunas). Todo indica que estas medidas están en total correlación con la negociación de la deuda y la posibilidad de lograr un acuerdo. Ya lo adelantamos, el tema de la deuda es un problema político, no financiero.

Un default también liberará recursos, pero el costo a nivel internacional será demasiado alto. Un buen acuerdo lo convierte en doble ganador, tanto a nivel internacional como en casa.

Habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos, ya llevamos más de 100 días de cuarentena en nuestro país, y se acercan tiempos de desenlaces.


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