fbpx
Revista de análisis político
Please select a page for the Contact Slideout in Theme Options > Header Options

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL SISTEMA PREVISIONAL ARGENTINO Y LA NUEVA FÓRMULA DE MOVILIDAD JUBILATORIA

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL SISTEMA PREVISIONAL ARGENTINO Y LA NUEVA FÓRMULA DE MOVILIDAD JUBILATORIA
30/11/2020 Giuliana Frecentese
Giuliana Frecentese
En OPINIÓN

“El sistema jubilatorio está quebrado”, “Los abuelos van a seguir muertos de hambre como están ahora”, “nunca se les va a pagar a los jubilados el 82% móvil”… Son algunas de las tantas frases repetidas hasta el hartazgo en los grandes medios concentrados respecto a la cuestión previsional en nuestro país. Lejos de proponer alguna solución al problema, se empeñan en inocular odio en el inconsciente colectivo del pueblo argentino para así dificultar el necesario debate profundo que requiere el tema.

Frente a esto, me gustaría hacer algunos comentarios, que por el contrario, requieren el esfuerzo en la comprensión del asunto para pensar en conjunto. El sistema previsional argentino fue uno de los mejores de América Latina. Al 2015 teníamos la mejor mínima (609 dólares), la mayor cobertura (97 % de adultos mayores), la mejor fórmula de movilidad y uno de los mejores fondos de garantía y sustentabilidad de todo el sistema. ¿Qué pasó?

La realidad de los distintos sectores que componen la Argentina actual, requieren y demandan avances postergados de años que hoy, pandemia mundial de por medio, parecen difíciles de llevar a cabo. Sería ideal que todo argentino tenga su propia vivienda o que ninguna persona tenga un salario inferior al mínimo, vital y móvil. Un millón de ideas que al lector se le podrán ocurrir para pensar en un país más justo. Entre ellas, exigir que los jubilados cobren al menos el doble de la mínima actual, unos $36.000 aproximadamente. Sería muy justo y coincido en que deberían estar mejor. Sin embargo ¿cuánto dinero necesitamos en el presupuesto para que esto pueda ocurrir y cómo obtenemos dichos recursos? En este último aspecto las ideas no abundan.

Financiamiento previsional en el presupuesto 2020/2021

El presupuesto de todo ANSES 2020 previó un gasto de 3 billones de pesos que representa un 61,9% del presupuesto Nacional. En el presupuesto 2021 está previsto un gasto de 4 billones de pesos, el 52% del total del gasto de todo el Estado nacional. Con un dólar calculado a $102, serían unos 40 mil millones de dólares. Supongamos que hoy contáramos con la formula macrista de movilidad, con una inflación del 54%, deberíamos sumar al gasto unos 27mil millones de dólares.[1] Aclaro que esa disminución del gasto 2021 comparada con 2020 se debe en parte al fin de la ayuda en el IFE-remplazado por otras políticas- y ATP, que fueron asignaciones de emergencia para hacer frente a la pandemia por más de $1.000.000 millones de gastos “extraordinarios” (Decreto de Necesidad y Urgencia 457/2020). Si en 2021 se excluyen dichas partidas de pandemia, lo que hay es una expansión del gato público en términos reales.

Volviendo a los haberes jubilatorios, cualquier aumento de los mismos requiere buscar de dónde obtener esos recursos. El aporte extraordinario a las grandes fortunas significa unos 3.800 millones de dólares por única vez, y así todo, están poniendo el  grito en el cielo. Triplicando las retenciones a las exportaciones se podría llegar a esa cifra, con las consecuencias que esa medida podría causar en el actual contexto (recordemos el conflicto de la 125  por las retenciones a las exportaciones o el intento reciente de expropiar Vicentin, ésta última, fundamental para la obtención de divisas).

Nunca falta en la discusión la cortina de humo que se intenta imponer a través de odio a la política y los políticos,  proponiendo la baja de sus sueldos como principal solución. No quiero detenerme en esto, pero es interesante rescatar algunos números que nos brinda Duzdevich para seguir discutiendo lo importante:

  • Supongamos que desaparece la República y cierra el Congreso, hoy con un presupuesto de $26.871 millones, representa el 0,5% de todo el gasto. Podríamos subir el 0,86% de todas las jubilaciones.
  • Sí eliminamos todo el poder ejecutivo-presidente, ministros, secretarías- sería una reducción de 0,4%, nos sigue faltando más del 20% para llegar a los 27mil millones de dólares.[2]

Queda claro que, más allá de plantear válidamente algún aporte o baja de sueldo en los tres poderes del Estado como acto de austeridad o simplemente para dar el ejemplo, no son aportes en absoluto significantes. Hay sectores que se benefician y protegen con ese discurso. Veamos ahora  cómo llegamos a la nueva fórmula jubilatoria propuesta en el actual sistema de reparto.

Moratorias y movilidad

Cuando Néstor Kirchner asume en el año 2003, la situación de los jubilados era de pobreza extrema. La explosión del desempleo en los noventa, más la informalidad laboral y el aumento en el requisito de años de aportes, dejaron fuera del sistema a millones de personas.

Frente a esa situación desesperada, en el año 2005 se incorporan unos tres millones y medio de personas al sistema jubilatorio a través de la moratoria que sería continuada en una segunda etapa en 2014. Todo hombre mayor de 65 años y mujeres mayores de 60 que no hubiesen podido hacer aportes, se incorporaban al sistema previsional. ANSES le calculaba la deuda –con significativos beneficios– y le armaba un plan de pagos en 60 cuotas, con eso ya le concedía una jubilación, y de ahí se empezaba a cobrar la deuda.

La mayoría fueron mujeres trabajadoras de ama de casa, reconociendo su esfuerzo no contabilizado en el PBI mediante una jubilación, una medida de justicia social extraordinaria.

Esos millones de jubilados hubiesen sido olvidados en la pobreza más extrema de no ser por la moratoria.

El problema que se presentó en el gobierno de Néstor fue que se elevaron 13 veces las jubilaciones mínimas y 7 las más altas, generado miles de juicios contra el Estado, como el famoso “fallo Badaro” entre otros. No hubo vocación de perjudicar a los de mayores ingresos, sino utilizar los pocos recursos que habían primero en los que estaban más postergados, hoy más del 70% de los jubilados cobran la mínima.

Con esa lógica pensó el gobierno de Alberto Fernández los aumentos por decreto vigentes en pandemia, achatar la pirámide, darle progresividad al sistema y priorizar a los de menores recursos.

En 2008, con el fin de evitar más demandas judiciales, se derogan las AFJP y se vuelve  al sistema integrado de capitalización  con una nueva fórmula de movilidad: un 50% lo compone el índice de aumento salarial semestral, y el otro 50% el aumento de recursos del sistema previsional. Una economía con crecimiento y recaudación tendría aumentos superiores a la inflación y al estar atado a la recaudación, el sistema no corría riesgo de desfinanciarse.

Durante la aplicación de dicha fórmula, entre marzo de 2009 y septiembre de 2017 se produjeron 18 actualizaciones. De ellos sólo perdieron en 5 casos en relación a la inflación (3 de ellas en 2016/7). [3] En 13 actualizaciones le ganaron a la inflación y aumentaron su poder de compra. Por ejemplo, si bien en marzo de 2010  hubo una diferencia de -4 puntos entre movilidad e IPC, en el segundo semestre el poder adquisitivo aumentó, con una diferencia de 8,25 puntos a favor de la movilidad.

¿Qué pasó con la fórmula del macrismo?

En el año 2017, con la nueva fórmula de movilidad aprobada en el Congreso, el coeficiente de actualización pasaba a estar compuesto un 70% por la variación del IPC oficial y un 30% la variación de los salarios. Asimismo, se pasaba de 2 a 4 actualizaciones anuales.

El problema era que no podía aspirar a alcanzar los niveles jubilatorios de finales de 2017, ya que podía incrementarse por el valor de la variación de precios con un desfasaje de 6 meses (si bien la actualización es trimestral, toma datos de seis meses antes). El único mecanismo que permitiría, con impacto leve, mejorar el poder adquisitivo de las jubilaciones es que los salarios tuviesen un aumento sensiblemente mayor a la inflación, pero sucedió a la inversa en el período de aplicación, afectando negativamente la fórmula.

La actualización jubilatoria hizo perder poder adquisitivo- alrededor de 19%. Se suma a esto la eliminación de la moratoria, se recortaron los medicamentos gratuitos del PAMI y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad perdió más de 15 mil millones de dólares, etc.

La tarea de Alberto Fernández

Como mencionaba anteriormente, Alberto se propone desindexar la economía aplicando una nueva fórmula, ya que el sistema jubilatorio se haría insostenible con la inflación galopante heredada del macrismo, la pérdida de poder adquisitivo del salario, endeudamiento, etc.

“En escenarios de inflación in crescendo, las jubilaciones se pagan sin demasiada dificultad porque actualizan con inflación menor-6 meses antes-, mientras que, como resultado de dicha inflación, la recaudación tiende a aumentar. Pero, cuando sucede lo contrario, como desde diciembre de 2019, al reducirse la inflación, la recaudación tiende a ser menor, pero las arcas deben afrontar aumentos crecientes de jubilaciones- terminó con un 54% de inflación-. A esto se le adiciona el agravamiento de la situación como resultado del coronavirus, que afectó particularmente la recaudación de recursos de seguridad social.”[4]

En el 2020, cabe aclarar que, a pesar del retroceso del PBI, las jubilaciones mantuvieron su poder e incluso lo incrementaron en la mayoría de los ingresos como se muestra en la imagen. Esto fue producto de los incrementos decretados durante el año (dos bonos de $5.000 para la mínima en diciembre 2019 y enero 2020, un incremento de $1.500 en marzo más un 2,3%; 6,12% junio; 7,5% en setiembre y ahora se espera el aumento del 5% para diciembre), haciendo un aumento total de 35%. Más del 70% de los jubilados tendrán aumentos por encima de la inflación.

La nueva ley propuesta por el gobierno está atada a dos variables relacionadas con el financiamiento del Sistema de Seguridad Social. Por un lado, el RIPTE-salarios- vincula una parte de la fórmula a los aportes y contribuciones que aportan la mayor parte de los recursos del sistema. Por otro, el componente tributario de Anses sigue la evolución de la recaudación de recursos, por lo que complementa en la fórmula, la evolución del mismo.

¿Un pedido del FMI?

Como dice el dicho, una imagen vale más de mil palabras. Contrario a lo que circula en la oposición mediática, el organismo ha sido históricamente crítico de dicha fórmula y promotor de la actualización votada en 2017. Aquí está su informe:

Traducido: La indexación de los beneficios (y la actualización de los salarios pasados) solo a la inflación realizada aún permitiría a los jubilados preservar el valor real de su beneficio, pero reduciría el aumento del gasto en pensiones en aproximadamente un 20 por ciento del PIB en términos de Valor Presente Neto debido a dos efectos: los haberes aumentarían más lentamente y los haberes iniciales serían levemente menores.”[5]

Esta nueva fórmula propuesta puede ganarle a la inflación y acompaña el crecimiento de la economía que se espera después de la pandemia.”… La inflación no tiene nada que ver con la jubilación, que es sustitutiva del salario, no del mercado.”[6].

Si bien el gobierno tiene aún que renegociar la deuda con el FMI, con la nueva fórmula propuesta demuestra que no lo va a hacer a costa de los jubilados.

Sin embargo, más allá de la ley, el problema previsional de fondo es su financiamiento.

¿Cómo se financia entonces el sistema previsional?

Volvemos aquí al principio de lo planteado.

En el actual sistema de reparto, los aportes y contribuciones de los trabajadores activos pagan los haberes de los jubilados actuales que representan aproximadamente el 40% de los recursos. El otro 60% ingresa de un porcentaje de distintos impuestos: IVA, combustibles, cigarrillos, monotributo y débitos bancarios. Los que critican el hecho de otorgar jubilación a millones de personas, que por las condiciones mencionadas no pudieron aportar, deberían saber que esa persona, comprando alimentos, cargando nafta o utilizando el sistema bancario, está también aportando al sistema.

Hoy la falta de trabajo registrado o los salarios bajos de los que ingresan al empleo, hacen que se considere óptimo tener seis trabajadores activos por cada jubilado (suponiendo que se quiera llegar al 82% móvil). Hoy es de aproximadamente 1,7 activo por cada jubilado. Hay 6,9 millones de jubilados y 11,7 millones de aportantes. Claramente los recursos no alcanzan. La baja relación de activos – pasivos es el problema de fondo del sistema previsional.

Esto es importante tenerlo en cuenta. La Argentina de Alberto elije mantener 100% de cobertura a nuestros abuelos, cubrir 100% de los medicamentos que no es poca cosa frente a un promedio estimado de $4000 de costos mensuales que se gastarían en caso de no contar con los mismos. Debemos discutir los haberes que, si bien no son altos, junto a la obra social al menos garantiza la línea de la vida. Seguir buscando fuentes de financiamiento progresivos para nuestro sistema de reparto, es la tarea pendiente.


*La autora es Licenciada en Ciencia Política y Administración Pública de la UNCuyo.

[1] Duzdevich Aldo. “Nueva fórmula jubilatoria: entre lo ideal y lo posible”. Revista APU, 13/11/2020. Disponible en: https://www.agenciapacourondo.com.ar/economia/nueva-formula-jubilatoria-entre-lo-ideal-y-lo-posible?fbclid=IwAR2G9HTWmd8Rpe9Zd32oS6iGj9k4RP0jb6Qhm5Pq1Yy9FU0ryU2yMUJRHQc

[2] Idem

[3] Informe: “La propuesta de una nueva ley de movilidad: ¿ajuste o beneficio para las personas mayores?”. CEPA

[4] Idem

[5] Idem

[6]ROIG Juan Carlos “El sistema previsional argentino”. Diario Tiempo Argentino, 15/12/2017.


Si llegaste hasta acá y te gustó lo que leíste, te pedimos que colabores con Aluvión Político donando $300 mensuales. Recibirás notas y newsletter´s de análisis político en tu correo electrónico, pero por sobre todas las cosas, ayudarás a sostener una voz genuina y plural que privilegia la profundidad del contenido en el análisis y la opinión.