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Revista de análisis político
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ACUERDO PORCINO ARGENTINA-CHINA: EL DESAFÍO DE UN DESARROLLO PRODUCTIVO SUSTENTABLE

ACUERDO PORCINO ARGENTINA-CHINA: EL DESAFÍO DE UN DESARROLLO PRODUCTIVO SUSTENTABLE
13/11/2020 María José Made
María José Made
En OPINIÓN

La nota que el/la lector/a tiene frente a sus ojos tiene como propósito fundamental colaborar en el debate de un tema bastante polémico, además de estar atravesado por una infinidad de factores. A raíz de esto es que consideramos irresponsable tomar una postura maniqueísta y en pos de eso hemos llevado adelante una recopilación de los argumentos esgrimidos tantos por los defensores como por los detractores de este proyecto para observar con detenimiento beneficios y perjuicios y, de esta manera, tratar de acercarnos hacia una “tercera posición”.

Antes de comenzar, una aclaración: según fuentes oficiales el acuerdo se encuentra en una fase preliminar y todavía no se han realizado las consultas correspondientes a los ministerios de Ambiente y de Salud ni los encuentros pertinentes con científicos, empresarios y personal sanitario. La información concreta escasea y las opiniones apresuradas parecen abundar. Bajo ningún punto de vista se busca hacer “periodismo de guerra” defenestrando las opiniones contrarias, si no abordar herramientas para un análisis en conjunto.

Más allá de lo que cada uno/a piense, si hay algo en lo que podemos coincidir es en una celebración de la discusión argumentada, que tan saludable y positiva es en un país como el nuestro. De repente en esta Argentina agraria, se comenzaba a debatir lo que paradójicamente de forma poco habitual encontramos en nuestras conversaciones: la política agropecuaria. La controversial temática de la asociación estratégica con China para la instalación de granjas porcinas reúne, como dice el analista Germán Mangione, los grandes problemas estructurales de la República Argentina: la dependencia al extranjero, la concentración de la producción en pocas manos y una forma de producir poco sustentable ambiental y socialmente.

El proyecto

Éste consistiría en instalar 20 mega granjas de 12 mil 500 madres cada una, vale decir, 312.000 nuevas madres. Pero como los números por sí solos no explican mucho pasemos a ver qué significaría esto.  Planteada la situación de esta forma estaríamos frente a una hiper concentración de la producción: “un negocio para muy pocos y todos grandes” (Pedro Peretti en Página12, 2020) que van a monopolizar la exportación porcina. Ahora bien, también es fundamental preguntarse cómo se financiaría (o de dónde saldría el financiamiento), ya que de esto depende cómo luego se van a repartir las ganancias. Todo parece indicar que el proyecto se concretaría mediante una inversión mixta entre empresas de capitales chinos y otras pocas de capitales argentinos.

Según estimaciones, la producción anual en el corto plazo- de 1 a 3 años- ascendería a 900 mil toneladas de carne de chancho (un 0 menos del número que inicialmente se había comunicado). Esto equivaldría a un saldo exportable de 2 mil millones de dólares anuales, pudiendo alcanzar una cantidad estimada de 20 mil millones de dólares anuales en el mediano y largo plazo.

Creemos que una posibilidad que debería tenerse en consideración es la de que toda la producción se lleve a cabo con inversiones argentinas. Según Pablo Paillole, el 70% del costo que ésta conlleva está dado únicamente por el alimento, el cual está conformado un 80% por maíz y el 20% restante por soja, sumado a una porción mucho menor de minerales. Si traducimos esta última afirmación podríamos sacar como conclusión que la mayor parte del costo está determinada por insumos que se producen en el país, el cual se destaca por tener ventajas competitivas dadas sus condiciones climáticas ideales para el desarrollo de la agricultura.

Por otro lado, los alrededor de 9.500 puestos de trabajo indirecto y hasta 42 mil puestos indirectos, es una de las razones que más peso en la balanza tienen. Una Argentina arrasada por el macrismo y con un golpe duro propio de la pandemia, no tiene tanto margen para despreciar ofertas que incluyan una generación de empleo como la que está en debate.

Uno de los mayores riesgos que traerían aparejados las megas factorías porcinas, además del ambiental, sería el bromatológico, es decir, la posibilidad de que sea el inicio de una nueva pandemia. “Los chinos no quieren tener sus granjas allá por la peste y la van a traer a Argentina con la peste” hemos escuchado con frecuencia.

Pero, si queremos hacer un análisis serio, deberíamos contemplar que los niveles de producción están lejos de ser similares. Consideramos que no se puede comparar el 50% que produce China con el 3% que alcanzaríamos aproximadamente en la Argentina a partir del acuerdo. Además dicen los que saben que nuestro país tiene uno de los mejores status sanitarios en este tipo de industria. Más allá de este alentador comentario, se han convertido en noticia de los últimos tiempos países como Dinamarca, Ucrania, Alemania y Brasil por haber protagonizado brotes de la peste porcina africana.

Los datos compartidos podrían servir para formar una opinión del tema, para hacer un balance entre beneficios y daños. Sin embargo, todavía no hemos llegado al caracú del hueso: el modelo agroexportador al que estamos atados hace décadas. No es nada nuevo decir que producimos materias primas y las exportamos. Luego los países centrales nos venden “esa misma materia prima”, la que deja de ser tal en el mismo momento en el que el proceso industrial le añade un valor agregado. Este es un intercambio desigual, que genera trabajo y una mayor tajada de ganancias en aquel país donde se fabrican nuestras importaciones.

No queda ninguna duda de que esta asociación sinoargentina no implica ninguna industrialización de nuestra economía, aquella que nos garantizaría la tan necesaria soberanía económica. Sí podríamos hablar, en cambio, de un “salto” en la cadena productiva. Pasaríamos de vender el grano de soja o maíz a vender carne de cerdo. Dicho de otra manera: agregarle valor a un producto primario. Aunque estemos de acuerdo en la necesidad de un cambio radical en el actual modelo productivo y, sobre todo en el monocultivo de soja transgénica, tenemos que ser conscientes de que eso no se va modificar de la noche a la mañana. Exigirlo de este modo también es irresponsable.

Discutamos el horizonte al que queremos llegar, planifiquemos la transición a una matriz económica basada en el cuidado del medio ambiente, el trabajo y el progreso del país. Estimamos que esto no sería antagónico al proceso de agregarle valor a la producción que ya está instalada. De esta forma se podrían lograr más ingresos para paliar la crisis excepcional que actualmente estamos viviendo. Una tonelada de maíz se exporta por US$ 300, mientras que la tonelada de carne de cerdo ronda entre los 3 y 4 mil dólares. Estamos hablando de un claro avance en la diversificación del sector agroindustrial.

Solución Alternativa

Varios especialistas han esbozado una alternativa “conciliadora” que denota un equilibrio entre la economía y el cuidado de nuestra casa común. Se basaría en proveer lo que se pueda de la demanda china, sin la instalación de granjas. La idea contempla un sistema de 2.000 chacras mixtas donde se criarían menos de 400 madres. Este modelo permite controlar mucho mejor la proliferación de enfermedades: al no tener grandes poblaciones se reduce mucho el riesgo de propagación del virus. Desconcentra la producción, lo que demandaría más trabajo local. Además se medita la posibilidad de que los insumos y las maquinarias sean de fabricación nacional lo que podría promover el desarrollo de pymes regionales.

La potencial contaminación ambiental estaría más controlada, “si bien no se modificaría la sojización del suelo, el tratamiento de los residuos y la utilización del agua estaría más repartida por el territorio”. Un dato interesante es que actualmente muchas granjas de Argentina utilizan los residuos generados por los cerdos como insumo para biodigestores (importantes generadores de energía), que también pueden ser utilizados como fertilizantes.

Federalizar el beneficio

Entre las condiciones que plantea el Estado Argentino se encuentra una que hace referencia a la distribución geográfica de estos establecimientos: que no se radiquen en zonas centrales de la Argentina sino más bien en el Norte, Noroeste o en el litoral; principalmente en las “provincias postergadas” como Salta, Corrientes, Formosa, Santiago del Estero o Chaco. Las poblaciones rurales, y fundamentalmente los productores, sufren desde hace décadas un éxodo hacia las ciudades ahogadas por la imposibilidad de competir en un mercado donde los precios son fijados por las grandes firmas transnacionales, y terminan optando por arrendar su campo o abandonar el trabajo agrario. “Esta es la contracara de la concentración, la extranjerización y el monocultivo”. El objetivo sería incentivar a las economías regionales y levantar el perfil exportador de las Pymes provinciales.

Según Lucia Bravo y Andrés Carignano, hoy en día tres provincias poseen el 61% de la producción de cerdos: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Pero, como sucede en el caso de la soja, ¿no está justamente en la cercanía a la zona pampeana y a los puertos el principal atractivo de las inversiones para un modelo de exportación? ¿Qué garantías hay de que este nuevo proyecto sea implementado en provincias con mayor distanciamiento al complejo portuario argentino?

Este acaparamiento lleva a la desaparición de pequeños y medianos chacareros y limita el desarrollo económico en la Argentina “profunda” del interior, allí donde casi no hay oportunidades laborales. Las pocas existentes están vinculadas a la producción de granos. Opinamos que es imperante la necesidad de democratizar la tenencia de tierras y la producción agropecuaria en todos los eslabones de la cadena ya que consideramos fundamental la participación de cooperativas, pequeños productores/as o actores de la economía popular. Cuando la producción se redistribuye a estas zonas además de generar una reactivación económica, produce una repoblación y comienzan a girar los engranajes de todos los sectores complementarios.

Hoy la producción agropecuaria en general y el cerdo en particular se puede hacer con productores o sin ellos. Que haya chacareros en el ejercicio profesional de la actividad agrícola es una decisión política del Estado. Pues el volumen productivo se consigue igual sin ellos. Los productores son necesarios desde el punto de vista social, político, económico, cultural, geopolítico pero no productivo. El capitalismo, a partir del desarrollo científico técnico, resolvió la cuestión de la productividad sin depender del chacarero. Por eso decimos que no hay agricultura familiar chacarera sin una alianza entre el Estado y la sociedad. Ésta debe decidir quién quiere que le produzca los alimentos, si miles de productores o un puñado de mega empresas concentradas e integradas verticalmente.

Un gran estadista, Juan Domingo Perón, en su libro “Plan Trienal Para La Reconstrucción Y La Liberación” esbozaba ya que el sector agropecuario tiene una doble función: de abastecedor del mercado interno y de generador de excedentes para crear capacidad de compra externa. Asimismo, la política agropecuaria debería estar diseñada para contribuir a una mayor integración física, al asentamiento poblacional y a la descentralización económica. En los últimos años ha habido una gran incorporación de tecnología y se orienta para generar ganancias en el momento y en gran cantidad, lo que se debería priorizar es cómo logramos abastecer la alimentación de la población y si hay sobrantes, exportarlos.

Los cerdos en el contexto mundial

Los cambios en los hábitos de consumo de las poblaciones de India y China (y algunos otros países del sudeste asiático), producidas por el aumento del ingreso medio que trajo su crecimiento económico, contribuyeron al aumento de los precios internacionales de los granos por su colosal demanda. Hasta hace poco tiempo mantenían patrones alimentarios basados en el consumo de cereales, pero con el aumento de su bienestar se produjo un cambio dietético caracterizado por una mayor ración de alimentos per cápita. Las variaciones también se dieron dentro de su composición dietaria, elevando la ingesta de calorías de origen animal. Este aumento del consumo requiere criar animales y para alimentarlos cultivar o importar granos, lo que ha impulsado los precios internacionales.[1]

Por otro lado, China ha sido uno de los primeros países en recuperarse de los efectos de la pandemia y a raíz de ello está reactivando su mercado de porcinos traccionando la suba del precio de la soja. A partir de esta demanda anormal compartimos el interrogante planteado por Enrique Erize en una entrevista a Radio10: ¿China está comprando más porque realmente necesita o está recomponiendo las reservas estratégicas que habían bajado como consecuencia de la guerra comercial y por el sacrificio de un 40% de las cabezas de chanchos que tenían para frenar la fiebre porcina? Pero, ¿por qué están importando tanta soja si tienen menos cerdos? ¿Estarán sobrestockeandose “por si acaso”? La incógnita es hasta cuándo China va a sostener este ritmo de importaciones asiático (y por ende del nuevo nivel de precios), cuestión que podríamos predecir si supiéramos los factores que están por detrás de esta aceleración en las compras del gigante.

La importancia del acuerdo en la economía argentina

Denominamos retenciones  a los impuestos específicos a las exportaciones, que sirven para captar “socialmente una porción de la renta proveniente de los recursos naturales”. En ausencia de empresas del Estado que exploten de manera directa los recursos naturales, son una fuente para que éste capte las rentas procedentes de la tierra. Lo más importante que hay que saber es que las retenciones no gravan las ganancias del productor, que tienden a su nivel medio o normal, sino la renta de la tierra basada en las extraordinarias condiciones naturales y agro-ecológicas del suelo para cultivar granos como en Argentina. Funcionan además como una herramienta que permite diferenciar el precio al cual se colocan los productos en el exterior del valor local que adoptan los mismos, lo que es particularmente importante en un país como Argentina donde los productos exportables forman parte de la canasta alimentaria. En otras palabras: favorecen el desacople de los precios internos respecto del precio internacional (Aguirre, 2009).

Además, este impuesto contempla una aplicación mediante diversos tipos de alícuotas: a medida de que aumente su producción aumenta el porcentaje de retención, afectando más a aquellas empresas que controlan un mayor porcentaje de la exportación total del país y dándole un respiro a productores más pequeños.

Nuestra economía no ha logrado romper aún con la histórica subordinación a la moneda estadounidense. Por ende, necesitamos los dólares para comerciar y abastecernos de productos que aquí todavía no se fabrican (como insumos o maquinarias para la producción local); los necesitamos para importar, cuidando que esto no implique un desequilibrio comercial. Es necesario también abastecer la demanda de dólares local (o depositamos en conjunto la confianza en ahorrar en pesos para disminuir la presión por este lado). Los necesitamos para terminar de pagar la deuda de una forma sustentable en el tiempo y sin ajustar a las clases sociales más desposeídas.

Debemos discutir socialmente estos temas. No podemos salir a enfrentar sistemáticamente cualquier intento de abordaje del asunto, tanto las restricciones a la compra, retenciones o cualquier proyecto de exportación que surja. De otro modo, las presiones seguirán operando sobre nuestro tipo de cambio para provocar una devaluación. Aunque esta medida no representa un mal en sí misma, en la actualidad no sería la más adecuada ya que el costo se trasladaría a los bolsillos de las familias vía un aumento generalizado de los precios.

En esta escena, los únicos beneficiarios serían los exportadores, quienes siempre están preparados para ese acontecimiento, manteniendo el acopio de los granos para especular con un aumento del  precio del dólar o directamente no liquidando los dólares,  presionando con el encarecimiento de la divisa).

Desafíos

Los dólares generados por este proyecto no generan directamente un grado elevado de justicia social, ni un elevado desarrollo económico o industrial. La cuestión es que discutamos en qué se gastan o se invierten esos ingresos. No debería repetirse la situación que pasó con el boom de los comodities, cuando al acrecentarse las arcas del Estado, se destinó mayor financiamiento a distintos derechos y conquistas sociales, pero cuando bajaron los precios de las materias primas y/o hubo un cambio en cuanto a la orientación del gobierno, con uno de tinte liberal, por ejemplo, el castillo de naipes se derrumbó. Los ingresos, en el caso de que se concrete el proyecto, deberían servir para modificar la matriz productiva, industrializar y lograr una distribución justa de las riquezas, evitando que las ayudas sean solamente a corto plazo. Con ello podríamos lograr que nuestra economía no tenga tanta dependencia de las fluctuaciones internacionales.

Concordamos en que este convenio no representa una salvación mesiánica para nuestro país. También en que la resolución del tema no debe quedar librada al azar ni al obrar individual; no se puede apelar a la responsabilidad individual de los empresarios, ni a su consciencia ambiental. Es por eso que nuevamente surge la imperiosa necesidad del actuar estatal, quien debería controlar, planificar y coordinar la implementación de los criaderos para evitar que el sector privado, arrastrado por una llamativa demanda, aumente por su cuenta la oferta, lo que le reportará mayores beneficios a los particulares pero se haría de una forma desorganizada y descontrolada y sin contemplar la preservación de los recursos comunes.

Lo ideal sería tener un comercio exterior nacionalizado basado en exportaciones industriales, pero sería demasiado pretencioso ese planteo en el corto plazo. Los esfuerzos deberían centrarse en la recomposición del tejido económico y social, para disminuir los efectos ocasionados por la pandemia. Siguiendo esta línea, el canciller recomendó mirar las exportaciones de alimentos, no porque sean la salida única y definitiva sino “porque están más rápidamente al alcance de la mano que otros sectores”.

Debemos entender que un colapso ambiental está estrechamente ligado a uno económico. La coyuntura actual nos demuestra que no existe un antagonismo entre la salud o la preservación del medio ambiente y la economía. Es una posición que olvida la sustentabilidad económica de más de 40 millones de personas que, lógicamente, también somos parte del ambiente. Necesitamos respuestas integrales que vinculen nuestra matriz productiva con la satisfacción de las necesidades de nuestra población. Vemos allí el único camino para disminuir el flagelo del hambre y acercarnos a una seguridad y soberanía alimentarias reales.

Fuentes

-Entrevista a Pablo Paillole, director del INTA y del distrito VI de Federación Agraria sobre la propuesta de instalación de mega granjas de cerdos para exportar a China. Disponible en:

https://www.youtube.com/watch?v=tykC8Y_VV9g/

-CERDOS SIN FRONTERAS: La ECONOMÍA detrás de las GRANJAS CHINAS. Mundo TKM. Disponible en:

https://www.youtube.com/watch?v=rrPyKIuClsY

https://www.cancilleria.gob.ar/es/actualidad/noticias/sola-exportemos-mas-conocimiento-en-materia-de-agricultura-0

http://kontrainfo.com/marcelo-gullo-el-modelo-de-ganaderia-industrial-es-mal-negocio-en-el–mediano-plazo-polemico-acuerdo-con-china/

https://www.labatallacultural.org/analisis/13456/

https://oleada.com.ar/analisis/ecologia-o-economia-una-falsa-disyuntiva-sobre-la-exportacion-de-carne-porcina-a-china/

https://revistalanzallamas.com/2020/07/30/cerdos-chinos-en-argentina-falsas-dicotomias-y-el-debate-de-fondo/#sdfootnote1sym

-https://www.ieral.org/images_db/noticias_archivos/4265-Informe%20de%20Coyuntura.pdf

https://chinaenamericalatina.com/2020/09/08/la-huella-ecologica-china/?fbclid=IwAR3qK_MXePgqghSfIgB_Vp-bJtMbnBeEcy3QtiWReLEBONCvnhLuk3y0jvM

https://www.youtube.com/watch?v=jmQfIW598nw

https://www.cancilleria.gob.ar/es/actualidad/noticias/cancilleria-y-el-inaes-impulsan-la-participacion-del-sector-cooperativo-en-el

-https://www.youtube.com/watch?v=FO19egVrzDU&t=370s. Entrevista a Enrique Erize, Presidente de la Consultora Novitas, donde realiza un análisis del mercado internacional de granos y el precio de la soja.

-AGUIRRE Patricia. Una visión antropológica sobre el impacto de la pobreza y la globalización en la emergente epidemia de obesidad, London, 2009.

 

[1] Por ejemplo: en ausencia de retenciones los agro-exportadores tenderán a vender sus productos en el mercado interno al equivalente en moneda local del precio internacional (supongamos un grano que tiene un precio de 10 en el mercado externo, el productor deseará venderlo a 10 en el mercado local y si no consigue ese precio lo exportará en su totalidad). Al existir retenciones el precio que cobra el productor por su venta al exterior baja (10 menos 3 de retención igual a 7), por lo que obtendrá la misma ganancia vendiéndolo en el mercado local a 7 que en el mercado externo a 10 menos la retención de 3.


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